La misiva de John Doe.

| jueves, 20 de enero de 2011 | |
En un vasto mundo, miles son los misterios que se esconden. Algunos, valiosas creencias perdidas; otros, años escondidos de los calendarios de antaño. Esta historia solo es el recodo de ciertos hombres y mujeres que tuvieron la suerte o desgracia de vivir en esta aciaga época. En los Reinos del Hierro y el Vapor, en ese recodo del universo llamado Caen, los dioses centran su atención en Immoren Occidental. Y observan a los vivos y a los muertos, animales y plantas, montañas y ciudades. Y se preguntan, ¿quién será el colonizador de la verdad más allá del Meredius? ¿Del conocimiento de la vida que puebla el continente? ¿Del poder absoluto de las naciones? ¿Del amor y los glifos olvidados de nosotros mismos? Cada uno de los peones está situado. El tablero se dispone firme en las tierras del oeste. La batalla por los deseos de cada uno está por escribir...

¿Qué nos deparará el futuro...?

- Brau Delawney, bardo tordoriense.

11 de Rowen del 605.
Caspia, capital de Cygnar.


El profesor John Doe, eminencia en secreto del Taller de Mekánica y Motores de Vapor Caspiano, no es una persona especialmente ... avispada. Y esto se demostró científicamente el día en el que su adorada mujer le abandonó por despecho. Hace dos meses. Sí, él se dio cuenta ayer cuando volvió a casa después de sendos meses trabajando en un nuevo diseño de dispositivo de cortex y ver que no había comida preparada. Pero no era la primera vez. Esto era recurrente. Sobretodo entre los mecánikos como él y otros magos. No era de extrañar que las estadísticas hablasen tan claramente del solterío de tal cúmulo de personas tan agraciadamente dotadas de un paradigmático ingenio para la maquinaria.

Pero no le importó. No mucho. Solo los primeros minutos de desesperación debido al hambre. Y es que no hay tiempo que perder en la vida de un ingeniero como él. El motivo: su aprendiz. Para cuando se dio cuenta, la joven Kat había desarrollado un intelecto superior dentro de las artes mecánikas. Para bueno, o para malo... es difícil de decidir. En el taller, los diferentes eruditos tienen una u otra especialidad, pero aquella chica era simplemente una mezcla de cada uno de los socios del taller. Y francamente horrible en la combinatoria, todo hay que decir.

- Te propongo algo: - con cortesía, como quien no echa al invitado hasta que no pesa demasiado en la casa - a lo largo y ancho de Immoren hay más lugares como este. En Llanos de Aguacerada, en Mercado de Baños, en Corvis, Orven, ah... Y sinceramente; creo que poco vamos a poder enseñarte aquí. - Los gastos de manutención de un becado en un lugar tan pequeño podría llegar a ser descomunales, por lo que, de facto, no era de interés de Doe (ni de otros muchos señores del vapor).

El mundo espera grandes descubrimientos en estos aciagos tiempos. Un descuido por parte del profesor John el no avisar de que no todo es tan bonito tras las fronteras caspianas... - Verás que hay conocimientos más allá de tu comprensión. Pero eso es solo una parte de todo. De un todo perfecto y engranado. Tu arma y a la vez tu mejor escudo, será comprender todo. -

Antes de la partida, John Doe le dotó de un fabuloso billete en tren para viajar en el Ferrocarril comercial al norte. También una lista con nombres de algunos ex-compañeros de batallitas del visionario mecániko. No la entretuvo. Es más, esa misma tarde le instó a marcharse. Demasiados años bajo una tutela poco productiva, sí señor.






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